Los estragos de María en Puerto Rico [Videos]

Según los primeros informes de daños, el trabajo es cuesta arriba: las barriadas Israel, Sierra Maestra, Plebiscito, el Embalse San José y la urbanización Valencia todas están inundada, al igual que la urbanización University Gardens.

También, hay sectores inundados en la urbanización Baldrich.
“La devastación, la cantidad de casas que han desaparecido en el Caño (Martín Peña) y Villa Palmeras es muy difícil de procesar”, dijo a periodistas congregados en el Coliseo Roberto Clemente, el refugio más grande de San Juan.

Parte del exterior del techo del coliseo “voló en pedazos”, según las propias palabras de Cruz, quien indicó que los acrílicos en el techo del dispensario Hoare “ya no están”. También se desprendieron tormenteras en el segundo nivel del Centro de Diagnóstico y Tratamiento (CDT) de Luis Llorens Torres y se rompió una puerta de cristal en el CDT de Río Piedras.

Todos, además del dispensario Belaval, que no sufrió daños, siguen operando.
En el Hospital Municipal se reportaron filtraciones en los pisos 4 y 5. En el quinto, donde hay oficinas, el sellado en el techo se desprendió. Cruz indicó, aunque con la salvedad de que tiene que ser un dato confirmado, que la cocina de la Administración de Servicios Médicos se inundó.

En la Torre Municipal, los cristales del piso dos se hicieron trizas y el vestíbulo ha sido destrozado, contó Cruz.

En cuanto a los refugios, que son alrededor de seis, describió las condiciones de vida como “estables”. En el Roberto Clemente no ha energía eléctrica desde la madrugada y, al no activarse unos generadores ubicados fuera del edificio, no se puede impulsar agua por las tuberías, aunque Cruz aseguró que tiene suficiente agua en galones.

A preguntas, Cruz dijo que la cocina es iluminada con luce de baterías y opera con gas. No dio un estimado sobre cuándo habrá agua en los baños.

“Tenemos que adaptarnos. La vida como la conocíamos cambió”, dijo Cruz, quien minutos antes les advirtió, armada de un megáfono, a los refugiados, poco más de 500, que no tendrían luz por cuatro meses para luego enfrascarse en una discusión con un individuo que quería salir del refugio para verificar su auto estacionado en el coliseíto Pedrín Zorrilla.