La niña dominicana que cambió las piedras por los libros

1470242035_610944_1470251763_noticia_normal_recorte1Una tarde aterrizo en Santo Domingo y me recoge una mujer sonriente con un cartel con mi nombre. No conocía a Dolores, apenas había intercambiado un par de correos electrónicos con ella.

Nos subimos en su camioneta camino a Sabana Yegua, en la frontera con Haití, a casi dos horas de viaje por una carretera mal asfaltada y oscura. Por la ventana veo una manifestación, la gente enciende fuegos en protesta, ambiente tropical y mucha miseria.

Llegamos de noche a casa de Sonia, una vivienda de bloques de hormigón y techos de lámina, con habitaciones comunes, sin agua corriente ni luz eléctrica.

Esa noche, cuando me meto a mi cama, en el pasillo de esa casa sin puertas, solo pienso: ‘Isabela, ¿pero qué estás haciendo tú aquí?’ Me dormí sin saber que sería una de las experiencias más enriquecedores que he tenido en la vida. Una experiencia que aportaría valores, ideas y me haría cambiar la manera de ver el mundo. MÁS EN EL PAÍS.COM

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